Gradual
En su origen, tras la lectura de la Epístola, el diácono cantaba un salmo. Más tarde, se encargó de esta misión a un cantor profesional que lo entonaba desde las gradas del púlpito, de donde tomó el nombre de gradual. Era un responsorio, ya que intervenía también el coro.
Poco a poco, quedó reducido a una antífona con el versículo correspondiente que se mantuvo hasta las reformas acometidas tras la celebración del Concilio Vaticano II. Durante la Cuaresma era sustituido por el Tracto y, en tiempo pascual, por el canto del Aleluya.
También se designa con este nombre al Gradual Romano que reúne los temas musicales interpretados durante la celebración eucarística.
Por su parte, se conoce con la denominación de Salmos Graduales a cada uno de los quince salmos del Salterio, que van desde el 119 al 133.
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