Gendarmería Pontificia
Era uno de los cuatro Cuerpos Armados Pontificios existentes en 1970, cuando el Papa San Pablo VI, tomó la decisión poco meditada de suprimirlos, exceptuando a la «antiquísima Guardia Suiza»
La Gendarmería Pontificia había sido creada en 1816, por el Papa Pío VII, y tenía encomendada la seguridad de los Palacios Apostólicos y, tras la constitución del Estado de la Ciudad del Vaticano, era la auténtica Policía del mismo. De hecho, el primer nombre utilizado fue el de Carabinieri Pontificios, en clara alusión a sus equivalentes italianos.
Es probable que, en algún momento, se pretendiera dotarles de otras competencias, pues llegaron a recibir la denominación de «Velites», un nombre de origen romano que se dio, en la segunda mitad del siglo XIX, a algunas unidades de infantería de diferentes ejércitos europeos.
No obstante, a partir de 1852, pasaron a ser conocidos con la denominación de Gendarmería Pontificia que mantuvieron hasta el 14 de septiembre de 1970, cuando San Pablo VI, mediante una carta dirigida al Secretario de Estado, cardenal Villot, los suprimió.
En ese documento, el Pontífice afirmaba que había tomado la decisión, tras una cuidadosa reflexión, y con gran dolor.
Prescindir de los cometidos que desempeñaba la Gendarmería era imposible y, por este motivo, fue preciso constituir un «Cuerpo de Vigilancia del Estado de la Ciudad del Vaticano», intentando transmitir la imagen de que era algo ajeno a la figura del Papa y circunscrito a la seguridad del Estado Vaticano.
Tarea vana, como vino a demostrar el que, en 1970, cambiara su denominación por la de «Cuerpo de Gendarmería del Estado de la Ciudad del Vaticano» y, especialmente, cuando tras el atentado sufrido por el Papa San Juan Pablo II, el 13 de mayo de 1981, hubo que reforzar su estructura para garantizar, precisamente, la seguridad del Papa, misión que tenía encomendada aquella Gendarmería Pontificia de la que San Pablo VI creyó oportuno prescindir.
Utilizaban, como uniforme de gala, una casaca negra, con charreteras y vueltas blancas. Pantalón blanco y botas negras, por encima de la rodilla. Se tocaban con morrión alto de pelo negro con cordones blancos y plumero rojo al lado izquierdo, y ceñían sable. El uniforme de diario era mucho más sencillo y se tocaban con quepis.
Disponían de bandera propia que era de terciopelo azul, con franja de oro, llevando en el centro las armas pontificias.
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