Frontal
También conocido con el nombre de antipendium, es el paramento que se colocaba delante del altar. Los hubo ya en los primeros momentos del Cristianismo, pero su uso se generalizó a partir del siglo IX y se fabricaron en todo tipo de materiales. Los hay de piedra, de madera, cordobán y, en las catedrales y otros templos señalados, se usaron ricos frontales de plata en las grandes solemnidades. En el siglo XVI, la multiplicación de altares obligó a fabricarlos en tela enmarcada, o de guadamecí. En uno y otros casos, se elaboraban en colores diferentes. En el siglo XVII, se introdujeron en España, procedentes de Italia, los frontales de estucos venecianos, imitando los trabajos de piedras duras, que eran de gran belleza.
El nombre de frontal se aplica, asimismo, a la tela que se coloca delante del altar cuyo color se adaptaba al propio del tiempo litúrgico. En estos casos se distinguía entre el frontal, propiamente dicho; el sobrefrontal o frontalera que era la parte superior; y las caídas, las partes laterales.
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