Exorcista
Clérigo que había recibido la tercera de las llamadas órdenes menores que fueron reformadas por el Papa San Pablo VI, a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, mediante su Carta Apostólica Ministeria quaedam de 15 de agosto de 1972, en virtud de la cual fue suprimida ésta.
El exorcista tenía conferido el ministerio de imponer las manos sobre los que se encontraban poseídos y para recitar los exorcismos establecidos por la Iglesia en el correspondiente ritual.
En la ceremonia de ordenación el obispo les presentaba el libro de exorcismos, con las palabras «Recíbelo y confía a la memoria las fórmulas; recibe el poder de poner las manos sobre los energúmenos que ya han sido bautizados o sobre los que todavía son catecúmenos».
Sin embargo, era en realidad un paso previo hacia la ordenación sacerdotal y los exorcismos siempre fueron encomendados a sacerdotes especialmente capacitados y preparados para este cometido.
Tras su supresión como orden menor, en la actualidad el rito del exorcismo, en los lugares donde se practica, corre a cargo de sacerdotes especialmente autorizados para llevarlo a cabo.
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