Eulogia
En los primeros siglos del Cristianismo, los fieles presentaban en el Ofertorio el pan y el vino que iba a ser consagrado. Pero no todas estas ofrendas llegaban a ser utilizadas. Por ello, el pan y vino sobrante eran bendecidos en el propio Ofertorio y los fieles se lo llevaban al término de la ceremonia. También era conocido con el nombre de antidoron, en contraposición al de doron que se aplicaba a la especie de pan consagrada.
En otras ocasiones, los obispos o los sacerdotes bendecían unos pequeños panes que, como obsequio y expresión de comunión eclesiástica, se enviaba a determinadas personas. Una curiosa costumbre era su utilización para anunciar a una persona excomulgada que había sido reconciliada. El envío de uno de estos pequeños panes, por parte del obispo, quería indicar que había vuelto a la comunión eclesial.
Estas tradiciones han perdurado, en cierto sentido, hasta nuestros días. En las fiestas de determinados Santos es costumbre distribuir el llamado «pan bendito» que es pan dulce bendecido, aunque también se bendicen pequeños panecillos de pan normal.
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