Estoque bendito
Con el nombre de «ensis benedictus» en latín y «stocco benedetto» o «stocco pontificio» en italiano se conocía al estoque que, junto con el «pileus» o «capellus» eran entregados por el Papa a monarcas, príncipes y grandes militares de la Cristiandad.
Esos estoques simbolizaban el supremo poder temporal conferido por Cristo a su Vicario en la Tierra, que el Papa entregaba a una determinada persona para defender con él la Fe y la Iglesia. Pero el poder transferido no era ilimitado, sino que tenía que ser ejercido con justicia y equidad, en nombre de Cristo que, como radiante Sol, corona el birrete o capelo y la inspiración del Espíritu Santo, bordado en un lateral del mismo.
El estoque era encargado por los Papas a prestigiosos artífices, romanos o toscanos, aunque también otros extranjeros establecidos en Roma. Ese fue el caso del espadero zaragozano Antonio Pérez de las Cellas.
Eran espadas de gran tamaño, «mayor que los montantes de España», con la empuñadura de plata dorada, llevando en el pomo las Armas del Papa, aunque no siempre. En la hoja siempre aparecía el nombre del Pontífice que donaba el estoque, con sus armas y el año de su pontificado.
También estaban ricamente decoradas la vaina y la sobrevaina. Mención especial merece el talabarte o cinturón con el que se ceñía el estoque, que llevaba insertadas gemas.
Eran bendecidos por el Papa, en el transcurso de una sencilla ceremonia, antes de la tercera Misa de Navidad, que celebraba, tras la de gallo en la iglesia de Santa Anastasia.
Cuando era el propio Papa quien los entregaba a un emperador, éste asistía a la ceremonia revestido con capa pluvial, siéndole ceñida la espada por el Pontífice que, a continuación, le cubría con el capelo. Después, asistía al oficio de Maitines en el transcurso del cual y al iniciarse el canto de la quinta lección de ese día «In quo conflicto» que corresponde a un sermón de San León Magno, se descubría y desenvainando el estoque golpeaba con él tres veces el suelo y, antes de envainarlo, lo blandía otras tres veces en el aire.
Pero lo habitual era que estoque y capelo fueran enviados al lugar de residencia de las personas a las que se destinaban. De esta misión se encargaba un nuncio extraordinario o un dignatario de la Corte Pontificia. En el caso de tratarse de un nuncio era él quien los imponía, pero si el que los llevaba era un laico esa misión correspondía a un prelado del lugar de destino.
Eran ceremonias de gran brillantez que, en el caso de España, terminaron siendo realizadas de acuerdo con el protocolo establecido a tal efecto.
En el transcurso de la historia, estos han sido los reyes y monarcas españoles que, junto a otros personajes también españoles, han merecido este honor, a veces en más de una ocasión:
Pedro II de Aragón (1204)
Juan II de Castilla (1446)
Enrique IV de Castilla (1457 y 1465)
Fernando II de Aragón (se suele afirmar que lo recibió, pero no lo hemos confirmado)
Íñigo López de Mendoza, conde de Tendilla (1486)
Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán (1497)
Felipe I el Hermoso (1497)
Ramón Folch de Cardona-Anglesola (1511)
Carlos I de España y V de Alemania (1529)
Felipe II (1549, siendo Príncipe, 1560 y 1593)
Príncipe D. Carlos de Austria (1563)
D. Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, III duque de Alba (1568)
D. Juan de Austria (1571)
Alejandro Farnesio (1579)
Felipe III (1591, siendo Príncipe de Asturias)
Felipe IV (1618, siendo Príncipe de Asturias)
Frey Francisco Ximénez de Tejada (1775, siendo Gran Maestre de la Orden de Malta)
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