Estigmatización
Es el fenómeno sobrenatural en virtud del cual en el cuerpo de determinados santos se reproducen los estigmas o llagas de la Pasión de Cristo, haciéndoles partícipes de sus sufrimientos.
El caso más conocido, entre otras razones por los numerosos testigos y por la difusión que alcanzó, a través de las órdenes franciscanas, fue el de San Francisco de Asís, que suele ser considerado el primero en alcanzar esa gracia divina.
Sin embargo, suele pasar desapercibido que hubo un caso anterior, el de María de Oignies (1177-1213) una mística belga que vivió en una comunidad de beguinas de la ciudad de Oignies, la cual recibió los estigmas en 1212, doce años antes que San Francisco.
A lo largo de la historia han sido muchos los casos reconocidos por la Iglesia, aunque también los ha habido falsos, el más famoso de los cuales fue el de la abadesa del convento de Santa Isabel de Córdoba, sor Magdalena de la Cruz (1487-1560), que terminó siendo duramente castigada por la Inquisición.
Al tratar de este fenómeno suele citarse siempre la obra Stigmatization, que publicó en 1894 el Prof. Antoine Imbert Gourbeyre de la Touche, catedrático de Terapéutica y Materia Médica en la universidad de Clermond Ferrand. Especialmente interesado por la homeopatía y por este tipo de manifestaciones religiosas (también los milagros de Lourdes), llegó a contabilizar en aquel momento 321 casos de personas estigmatizadas, entre los que se encontraban 62 que ya habían sido declarados Santos o Beatos. Además de San Francisco de Asís, entre los más conocidos reseñaba a los siguientes: Santa Lugarda (1182‑1246) cisterciense; Santa Margarita de Cortona (1247‑1297); Santa Gertrudis (1256‑1302), benedictina; Santa Clara de Montfalco (1286‑1308), agustina; Santa Angela de Foligno (1248‑1309), terciaria franciscana; Santa Catalina de Siena (1347‑80), una terciaria dominica; Santa Liduvina (1380‑1433), laica; Santa Francisca Romana (1384‑1440), oblata benedictina; Santa Coleta (1380‑1447), franciscana; Santa Rita de Casia (1386‑1456), agustina; Beata Osana de Mantua (1449‑1505), terciaria dominica; Santa Catalina de Génova (1447‑1501), terciaria franciscana; Beata Bautista Varani (1458‑1524), clarisa; Beata Lucía de Narni (1476‑1547), terciaria dominica; Beata Catalina de Racconigi (1486‑1547), dominica; San Juan de Dios (1495‑1550), fundador de la Orden de la Caridad (no teníamos constancia de que hubiera sido estigmatizado); Santa Catalina de Ricci (1522‑89), dominica; Santa María Magdalena de Pazzi (1566‑1607), carmelita; Beata María de la Encarnación (1566‑1618), carmelita; Santa Mariana de Jesús (1557‑1620), terciaria franciscana; San Carlos de Sezze (1613‑1670), franciscano; Santa Margarita María Alacoque (1647‑1690), visitandina (representada con la corona de espinas); Santa Verónica Giuliani (1600‑1727), capuchina; y Santa María Francisca de las Cinco Llagas (1715‑1791), terciaria franciscana.
En el siglo XIX hubo otros casos como: Beata Catalina Emmerich (1774- 1824), agustina; Beata Isabel Canori Mora (1774-1825), terciaria trinitaria; Beata Anna María Taigi (1769-1837); María Dominica Lazzari (1815-1848) laica cuya causa de beatificación está en curso; María de Moerl (1812-68), franciscana; y Luisa Lateau (1850-1883), franciscana. Ya en el siglo XX los más conocidos han sido San Pío de la Pietralcina (1887-1968), capuchino; y Therese Neumann (1898-1962), Tercera Orden franciscana, cuyo proceso de beatificación está en curso.
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