Eremita
Eremita o ermitaño (palabra sinónima en una de sus acepciones) es aquella persona que, deseando alcanzar el más alto grado de la ascesis personal, se retira del mundo para vivir en soledad, en un lugar alejado, practicando la oración y la penitencia.
El monacato tiene su origen en aquellos eremitas que, siguiendo el ejemplo de San Pablo el Ermitaño, se retiraban a vivir en los desiertos de Tebaida (Egipto) entre los que San Antonio Abad es considerado el fundador del nuevo concepto de vida monástica.
Porque, quienes vivían en soledad, terminaron por agruparse en comunidades para, en principio, compartir la oración y, posteriormente, para dar origen a los primeros monasterios.
El eremitismo ha perdurado a través del tiempo e, incluso, existen órdenes como las de los cartujos y camaldulenses que lo practican en cierto modo, ya que sus miembros viven recluidos en sus celdas, reuniéndose exclusivamente para el rezo en común.
El vigente Código de Derecho Canónico reconoce la vida eremítica, junto con los institutos de vida consagrada, practicada por quienes «con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo». Para ser reconocido como tal, el eremita debe profesar los tres consejos evangélicos, corroborados mediante voto u otro vínculo sagrado, en manos del Obispo diocesano, debiendo seguir su propia vida, bajo la dirección del mismo.
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