Diluvio Universal
El libro del Génesis dedica los capítulos 6, 7 y 8 a relatar la historia de Noé y el diluvio que, como castigo a la corrupción de la humanidad, envió Dios, del que solo sobrevivió Noé con su familia y los animales que introdujo en el arca construida, siguiendo las órdenes recibidas del Señor que, al finalizar la catástrofe, estableció una alianza perpetua con la promesa de que no volvería a destruir a los vivientes, dejando como testimonio de la misma un arco que aparecerá en las nubes (el arco iris).
Al inicio del capítulo 6 se señala como causa de la ira divina el que los «hijos de Dios» se unieron a las «hijas de los hombres», porque en «aquel tiempo había gigantes en la tierra», así como que «la maldad del hombre crecía sobre la tierra» y que todos sus pensamientos tendían siempre y únicamente al mal, por lo que «se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra y le pesó el corazón».
En el libro de Enoc que no es canónico, se precisa que esos gigantes, llamados nefilim, eran hijos de un grupo de ángeles, por lo que su unión con las hijas de los hombres contravenía el orden de la Creación, representado en cierta manera la búsqueda de la inmortalidad.
Es significativo que el propio Jesucristo se refirió al Diluvio como un hecho real, tal como relata el Evangelio de San Mateo (24:37-39): «En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo» y «cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos».
El diluvio está asimismo presente en la tradición de muchos pueblos, especialmente del área mesopotámica, cuya expresión más clara es el poema de Gilgamesh, escrito en torno al año 2100 a. C. cuyo relato coincide básicamente con el de la Biblia, redactada mucho después.
Los investigadores siempre se han interrogado acerca de si la historia tiene un mero carácter mítico o responde al recuerdo de una catástrofe natural que quedó impresa en la memoria colectiva. Se han aportado pruebas de algunas de ellas que causaron un gran impacto en el área mediterránea o del Próximo Oriente, sin que falten algunos que relacionan la historia con la necesidad de encontrar explicación a los acúmulos de fósiles de especies desaparecidas.
Por otra parte, no han faltado personas que se han empeñado en encontrar los restos del arca que, según el Génesis, se posó en «las montañas de Ararat». La búsqueda se ha centrado en el «monte Ararat» en la actual Turquía, donde en varias ocasiones se ha señalado su presencia, sin poder probarla científicamente, entre otras razones porque ese monte no coincide necesariamente con las montañas de Ararat que cita la Sagrada Escritura y, además, se trata de un volcán cuya formación es posterior a la época en que sitúa la historia del Diluvio.
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