Dignidad
Con este nombre eran conocidas determinadas prebendas que, en catedrales y colegiatas, entrañaban una jerarquía de honor o preeminencia.
Algunos autores las consideraban «dignidades menores» como contraposición a las «dignidades mayores» de Derecho Eclesiástico entre las que incluirían desde el Sumo Pontífice a los abades, pasando por cardenales, patriarcas, primados, arzobispos y obispos.
Pero, habitualmente, al hablar de dignidades se alude, exclusivamente, a las menores entre las que se encuentran las creadas por los obispos, como arciprestes y arcedianos, también con base jurídica; y las que fueron surgiendo, por fuerza de costumbre, en el seno de los cabildos.
En las catedrales españolas existían, en el siglo XIX, las de deán, arcipreste, arcediano, chantre, maestrescuela y tesorero. También, en algunas de ellas, la de capellán mayor. Todos ellos tenían preeminencia sobre el resto del capítulo y ocupaban lugar preferente en el coro.
Los nombres variaron en el transcurso de la historia y hubo otras dignidades. Las más conocidas eran la de prior, pabostre y limosnero. En algunas catedrales aragonesas (Jaca y Zaragoza) existía la dignidad de obrero que no debe confundirse con el oficio de fabriquero, común a otras catedrales y que no era considerado dignidad.
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