Decretales
Con este nombre son conocidas las cartas con las que los Papas, siguiendo el uso de la cancillería imperial, daban a conocer sus decisiones sobre las más diversas cuestiones de índole disciplinar que le eran planteadas.
Referidas a cuestiones concretas suscitadas en un determinado lugar, su alcance, por razones obvias, tenían una trascendencia mayor que la consulta concreta planteada por una iglesia particular.
Al hablar de decretales nos estamos refiriendo, por lo tanto, a esas cartas escritas entre los siglos IV y XV, pero también a las recopilaciones en las que fueron reunidas para facilitar su estudio entre los que aspiraban a graduarse en Derecho Canónico en las distintas universidades, donde había cátedras específicas para enseñar cada una de las cinco recopilaciones que formaban parte del Corpus Iuri Canonici.
La primera de ellas fueron los Decretales de Gregorio IX (h.1143-1221) reunidos en el siglo XIII. El Libro sexto de Decretales publicado por Bonifacio VIII en 1298; el Libro séptimo de Decretales con el que Clemente V (1264-1314) completó los anteriores; y los dos Libros llamados de extravagantes, en los que se recopilaron 20 constituciones de Juan XII (1249-1334) y otras decretales promulgadas desde Urbano IV (1195-1264) hasta Sixto IV (1414-1484), completan este conjunto de recopilaciones.
Anteriormente existieron unas falsas decretales reunidas por Isidoro Mercator a comienzos del siglo IX.
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