Decálogo
Es una palabra formada por la unión de dos griegas: «deka» (diez) y «logos» (palabra), y hace referencia a los Diez Mandamientos que Dios reveló a Moisés en la teofanía del monte Sinaí y que, por lo tanto, pertenecen a la revelación que el mismo Dios hace de sí mismo y de su santa voluntad, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica.
Recogido en los libros del Éxodo y del Deuteronomio del Antiguo Testamento, forma parte de la alianza sellada por Dios con los suyos.
La Iglesia, fiel a las Sagradas Escrituras, ha reconocido en el Decálogo una importancia y una significación primordiales, hasta el punto de convertirse en uno de los núcleos fundamentales de la catequesis.
Por pertenecer a la revelación de Dios son inmutables y, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, obligan gravemente en su cumplimiento, como ya proclamó el Concilio de Trento, así como el Concilio Vaticano II que en la Constitución Lumen Gentium señaló como misión de la Iglesia, predicar el Evangelio a todo el mundo para que todos los hombres, por la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos, consigan la salvación.
Jesucristo vino a dar cumplimiento a la antigua Ley. Por eso, cuando el joven del Evangelio le pregunta «¿Qué he de hacer para conseguir la vida eterna?», su respuesta es «Guarda los mandamientos», pero la plenitud del Decálogo ha de ser interpretada a la luz del doble y único mandamiento de la caridad en la formulación que el propio Cristo hizo cuando le preguntaron «¿Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» y respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo su corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».
Como complemento de todo ello, las Bienaventuranzas que enseñó en el Sermón de la Montaña, vienen a expresar la Ley nueva que lleva a su plenitud a los mandamientos y que, lejos de abolir los preceptos del Decálogo, extrae sus virtualidades y hace surgir nuevas exigencias, revelando toda su verdad divina y humana.
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