Deán
Dignidad que presidía un cabildo catedralicio. El que desempeñaba este cometido en las colegiatas se llamaba abad.
Cuando se crearon las primeras comunidades de canónigos se decidió poner al frente de las mismas una persona que, a la manera, de los abades de las comunidades monásticas ejerciera jurisdicción sobre ellas. El nombre elegido fue el de deán que era quien estaba a cargo de diez personas.
Más tarde, perdió sus competencias jurisdiccionales y se mantuvo con carácter de preeminencia sobre el resto de los canónigos.
Por otra parte, era la dignidad más importante de la diócesis, después del obispo, y, además de presidir el cabildo, representaba al clero diocesano.
En España, la Corona tenía el privilegio de proveer todos los deanatos catedralicios lo que llevó a considerarlos como representantes del poder civil, en clara contraposición con los principios del Derecho Canónico entonces vigente.
En la actualidad, se sigue conservando este nombre para los presidentes de los cabildos aunque, en algunos casos, ha dejado de utilizarse.
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