Culpa
El pecado es, ante todo, una ofensa y una desobediencia a Dios que el hombre lleva a cabo de manera voluntaria y le hace culpable de esa ruptura de la comunión con Él y con la Iglesia, así como merecedor de una pena o castigo, en función de la gravedad del pecado.
El pecado da lugar, por lo tanto, a una culpa y a una pena. La culpa es eliminada por medio de la confesión sacramental, pero no ocurre lo mismo con la pena cuya remisión es parcial.
El pecado mortal entraña una pena eterna, debido a su gravedad. De ella es, también liberada por el Sacramento de la Penitencia. Pero las penas temporales del pecado permanecen y el hombre necesita una purificación que puede realizar en vida o más allá de la muerte. Por ello, debe aplicarse a lograrlo mediante la oración y la práctica de las obras de misericordia y caridad, o a través de la penitencia.
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