Cruz de altar
Tradicionalmente, sobre el altar donde se celebra el Santo Sacrificio de la Misa se colocaba un crucifijo.
Inicialmente, la cruz pendía sobre el altar. Este era el caso de la llamada «Cruz de los Ángeles» que como preciada reliquia se conserva en la Cámara Santa de Oviedo. En torno a esas cruces, durante la época visigótica se colocaron coronas votivas ofrecidas por los monarcas.
Al adosarse los altares a los retablos, la Cruz, sobre un soporte, pasó a situarse en el centro de las gradas existentes al pie del retablo.
El cambio de orientación en la celebración eucarística, con el sacerdote mirando a los fieles, ha planteado algunos problemas respecto a la ubicación de esa Cruz que, sin embargo, la nueva Ordenación exige que la imagen de Cristo Crucificado esté colocada sobre el altar o cerca de él.
Debe ser visible, de manera permanente, para recordar a los fieles la Pasión salvadora del Señor. El Papa Benedicto XVI ha dedicado especial atención al análisis de su significado y al estudio de su ubicación más adecuada.
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