Cristo Rey
Es uno de los títulos que se aplican a Jesucristo, haciendo referencia a su realeza sobre todo el universo, anunciada en las Sagradas Escrituras y manifestada por Él mismo cuando Pilato le preguntó «¿Tú eres rey?», respondiendo: «Yo soy rey», aunque señalando que su reino no era de este mundo.
En el Símbolo de Nicea Constantinopla se hace referencia explícita a ese reino que no tendrá fin y que ya está presente en la Iglesia, aunque como enseña el Catecismo no alcanzará su plenitud hasta que, en la culminación de los siglos, retorne con gran poder y gloria, venciendo definitivamente al mal.
Cristo es Rey, como señor del tiempo y de la historia, en virtud del misterio de la Rendención, culminado a través de su Pasión, Muerte y Resurrección, tras la cual fue glorificado por el Padre, pero permanece como cabeza de la Iglesia que constituye el germen y el comienzo de ese Reino en la tierra.
El Papa Pío XI introdujo en el año litúrgico la fiesta de Cristo Rey en 1925, con ocasión del XVI centenario del Concilio de Nicea, en el que fue definido el sentido de la realeza de Jesucristo. Se celebraba el 31 de octubre, pero tras las reformas de San Pablo VI, en 1969, fue fijada en el último domingo del año litúrgico, cambiando su nombre por el de «Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo».
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