Corona de Espinas
En el transcurso de su Pasión y tal como relatan los evangelios de San Mateo, San Marcos y San Juan, los soldados romanos, para mofarse, le colocaron una clámide roja sobre los hombros, una caña entre sus manos, como cetro, y una corona de espinas ciñendo su frente.
Según la tradición la corona de espinas se conservó en Jerusalén, como preciada reliquia, hasta que fue trasladada a Constantinopla en el siglo VII. Finalmente, terminó siendo adquirida por el rey de Francia. Más tarde, Luis IX mandó construir para venerarla uno de los edificios más emblemáticos del gótico, la Sainte Chapelle, muy cerca de la catedral de Notre Dame, donde actualmente se conserva.
Está situada en el interior de un relicario de cristal de forma circular, a través del cual puede verse el trenzado de la misma, aunque carece de espinas que le fueron extraídas y repartidas por todo el mundo.
En España existen algunas en el monasterio de El Escorial y en la catedral de Barcelona, aunque la mejor documentada es la del monasterio de Santa María de la Santa Espina de Valladolid, dado que fue un regalo de Luis VII de Francia a la infanta Dª. Sancha Raimúndez, hermana de Alfonso VII de Castilla, que también la había nombrado reina.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.