Continencia
Es uno de los Doce Frutos del Espíritu Santo que, tradicionalmente, la Iglesia considera que se desarrollan en el alma de cada uno como consecuencia de la acción de los Siete Dones que nos son transmitidos por el Bautismo y reforzados por la Confirmación.
La continencia es lo que nos ayuda a reprimir no sólo el deseo sexual desordenado, sino otros muchos placeres como los derivados de comer, beber, o gozar de la diversión, que son legítimos cuando se enmarcan dentro de unos límites pero que tienen efectos nocivos cuando se sobrepasan .
Aunque no sea propiamente una de las virtudes cardinales, la continencia se engloba dentro de la templanza. Para algunos autores ambas constituyen grados diferentes de la misma virtud, siendo superior el de la templanza.
La continencia afecta a todas las malas pasiones del hombre, inclinándole a la moderación, pero frecuentemente se la relaciona específicamente con los apetitos de la carne, diferenciándose de la castidad, en que también se ejercita en el seno del matrimonio, como destacó San Pablo VI en su encíclica Humanae Vitae.
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