Conmemoración
Hasta las últimas reformas litúrgicas en las que se estableció la división entre solemnidades, fiestas y memorias (obligatorias o facultativas), era la forma de celebrar las memorias litúrgicas de los santos en los días que se consideraban «impedidos».
No se podía llevar a cabo en las fiestas de primera clase, en las ferias privilegiadas y en las misas solemnes cantadas, pero sí los domingos, festividades y otros días. Para ello se podían añadir a la colecta, secreta y la oración después de la comunión, otras tres oraciones correspondientes a la misa propia del santo correspondiente.
Eran ferias privilegiadas las de los días de la Cuaresma; la semana previa a la Navidad y la octava e infraoctava de la misma, en las que podía reemplazar la colecta del día por la del santo.
Además, había dos conmemoraciones mayores en el calendario litúrgico, la del Día de los Difuntos, el 2 de noviembre, y la del Domingo de Ramos que es la Conmemoración de la Entrada de Jesucristo en Jerusalén y que se celebraba con carácter previo a la Misa de ese día, en la que ya se proclama la Pasión.
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