Confesonario
También se suele designar como confesionario, aunque la palabra confesonario es más correcta en idioma castellano.
Define al mueble construido para que el sacerdote escuche la confesión oral y personal de los fieles, requisito imprescindible para la correcta administración del Sacramento de la Penitencia.
Su uso fue introducido por disposición del Concilio de Trento y se fabrican en madera, habitualmente.
En forma de habitáculo con un asiento para el sacerdote, se cierran por la parte anterior, con media puerta y cortina. A ambos lados disponen de pequeñas ventanas, con celosías estrechas, para preservar la intimidad de la Confesión, evitando la excesiva proximidad del confesor y los penitentes. Al pie de esas ventanas existe una grada donde se arrodilla la persona que acude a confesarse.
En determinados lugares, era costumbre que hombres y mujeres utilizaran, independientemente, cada uno de los lados del confesonario. En otros, los varones se arrodillaban en la parte anterior, mientras que las mujeres debían hacerlo, necesariamente, en los laterales.
Para poner de manifiesto la vigencia de la forma tradicional de administrar el Sacramento, S.S. el Papa San Juan Pablo II, solía acudir una vez al año a la Basílica de San Pedro para oír las confesiones de los fieles en uno de los confesonarios existentes en la misma.
Con el nombre de confesonario se conoce también a unos manuales redactados para facilitar la correcta administración del Sacramento a los sacerdotes y a los fieles.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.