Concilio Ecuménico
Es la asamblea convocada, exclusivamente, por el Romano Pontífice de la que son miembros todos los obispos que forman parte del Colegio Episcopal, los cuales tienen el derecho y deber de asistir, con voto deliberativo. Pueden participar en el concilio otras personas que, sin ser obispos, son convocadas por la autoridad suprema de la Iglesia.
Corresponde al Papa determinar las cuestiones que han de ser tratadas en el Concilio y establecer el reglamento del mismo. Los decretos del Concilio Ecuménico solamente tienen fuerza obligatoria si, habiendo sido aprobados por el Romano Pontífice juntamente con los Padres conciliares, son confirmados por el Papa y promulgados por mandato suyo.
Los concilios ecuménicos, también llamados antes generales, se han celebrado para tratar asuntos de especial importancia, a lo largo de la vida de la Iglesia, aunque no hay unanimidad a la hora de definir los que tuvieron ese carácter, frente a los concilios particulares, y hay concilios ecuménicos griegos y latinos.
Entre los primeros se citan:
El I Concilio de Nicea
327
El I Concilio de Constantinopla
383
El Concilio de Éfeso
431
El Concilio de Calcedonia
451
El II Concilio de Constantinopla
553
El III Concilio de Constantinopla
680
El II Concilio de Nicea
787
El IV Concilio de Constantinopla
869
Entre los segundos:
El I Concilio de Letrán
1123
El II Concilio de Letrán
1139
El III Concilio de Letrán
1179
El IV Concilio de Letrán
1215
El I Concilio de Lyon
1245
El II Concilio de Lyon
1274
El Concilio de Vienne
1311
El Concilio de Constanza
1414
El Concilio de Basilea y Florencia
1431
El V Concilio de Letrán
1511
El Concilio de Trento
1545
El I Concilio Vaticano
1869
El II Concilio Vaticano
1962
Destacan por su importancia y su repercusión en la vida de la Iglesia el Concilio de Trento y el Concilio Vaticano II.
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