Compunción
Es el estado de alma que al experimentar el dolor por los pecados cometidos, aunque ya hayan sido confesados y perdonados, le predispone, por amor profundo a Dios y con la ayuda de la gracia, a no volver a cometerlos y a elevar el nivel de su vida espiritual, buscando el encuentro con el Señor. En este sentido, aunque algunas veces se use este término como sinónimo de arrepentimiento, la compunción representa un nivel superior, pues mientras el arrepentimiento surge del deseo de obtener la reconciliación ante determinadas ofensas concretas, inducido por un dolor de contrición o de mera atrición, por temor al castigo, la compunción nos acerca mucho más al verdadero amor a Dios, pues haciéndonos comprender la realidad de lo que significa el pecado, nos provoca una aversión al mal y nos induce a un cambio radical para el que se necesita la ayuda constante de la gracia divina.
Por su misma naturaleza no todas personas la experimentan, al menos con la fuerza con la que la han sentido muchos de los santos, entre otras razones porque es un bien sobrenatural para el que se requiere tomar conciencia de lo que representa la relación entre el hombre y Dios. Pero, en modo alguno es inaccesible, sino que la oración nos predispone a ella, con la particularidad de que, como señalaba Tomás Kempis, abre la puerta para descubrir otros muchos bienes espirituales.
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