Completas
Dentro de la Liturgia de las Horas, es una de las consideradas mayores, junto con el Oficio de Lectura, Laudes y Vísperas, cuyo rezo es obligatorio para los sacerdotes, diáconos, miembros de los institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, aunque no reviste la solemnidad de las otras, dado que tiene un carácter más íntimo como corresponde al balance personal del día que ha concluido, realizado en el momento en que precede al descanso nocturno.
Comienza con la invocación y, precisamente por el sentido antes señalado, se lleva a cabo el examen de conciencia, seguido por el rezo del Confiteor, como expresión del arrepentimiento por las faltas cometidas en el transcurso de la jornada que finaliza.
Entre los himnos para esta hora se puede escoger entre el «Te lucis ante terminum» o el «Christe, qui, splendor et dies». Se recita seguidamente un salmo de los señalados para cada día de la semana y, como en las distintas horas litúrgicas, se continúa con una lectura breve con el responsorio «In manus tuas, Domine», antes de entonar el «Nunc dimitis», con la antífona que, en castellano, dice «Sálvanos Señor despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz».
Después de la oración conclusiva el rezo de esta hora finaliza con una antífona dedicada a la Virgen María, que puede ser la Salve Regina, «Alma Redemptoris Mater», «Ave Regina caelorum» o «Sub tuum praesidium configimus».
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