Catolicidad
Es una de las cuatro notas que definen a la Iglesia de Cristo. La Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica, como proclama el símbolo de la Fe.
La palabra católico procede de las griegas kato y holon y significa universal. Fue San Ignacio de Antioquía, en el siglo II, el primero que utilizó la palabra katholikos para designar a la Iglesia de Cristo. Desde finales de ese mismo siglo, la voz «católico» se utiliza en dos acepciones.
Por una parte, se refiere a su universalidad en el sentido de que está destinada a todos los hombres, sea cual sea su origen y condición. Los apóstoles recibieron el mandato expreso de Jesucristo de predicar el Evangelio a todas las gentes y, desde el día de Pentecostés, la Buena Nueva fue transmitida tanto a judíos como a gentiles. Desde entonces, la Iglesia fue extendiéndose por todos los pueblos, en cumplimiento de su vocación de universalidad que no debe ser interpretada desde un punto de vista meramente estadístico. No es universal porque a ella pertenezcan un número mayor o menor de personas, sino por el hecho de que todo hombre, sin exclusión, pueden encontrar en ella el mensaje de salvación.
Pero, además, la catolicidad implica otra dimensión que responde al hecho de que en la Iglesia radica la plenitud de la verdad y los medios necesarios para esa salvación. Una verdad que se asienta en la Sagrada Escritura complementada por el Magisterio a través del cual el Espíritu Santo lleva a cabo la función de interpretar la Revelación.
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