Casulla
Vestidura litúrgica que los sacerdotes utilizan sobre todos los demás ornamentos y es la propia del celebrante en la Misa y en otras acciones sagradas relacionadas con ella. Las rúbricas actuales imponen la obligación de llevarla al celebrante principal, aunque permiten que el resto de concelebrantes, por necesidades insalvables, puedan prescindir de ella, utilizando la estola sobre el alba.
Confeccionada en seda bordada, el color de la misma responde al color litúrgico propio del día de la celebración, al igual que ocurre con la estola.
Originalmente, era una vestidura muy amplia y pesada que recubría por completo al sacerdote, tras introducir la cabeza por el orificio que para ello existía. Su peso hacia necesario que, en el momento de la elevación, fuera auxiliado por los acólitos. Para evitar estos inconvenientes, fue recortándose, poco a poco, hasta adoptar esa forma «de guitarra» que tenían en fechas recientes. En la actualidad, se utilizan casullas «góticas» que recuerdan su forma primitiva, aunque los materiales con los que están confeccionadas son mucho más ligeros.
Algunos quieren ver en ella, el recuerdo del manto de púrpura que los soldados romanos le pusieron a Cristo, tras la flagelación, como motivo de escarnio.
Es curioso que la Real Academia Española haga derivar esta palabra del latín casubla, mientras que, en el ámbito eclesiástico, se alude a casula. Dos palabras de significado distinto, pues mientras que la primera se traduce como «capa con capucha», la segunda quiere decir «tienda» o «casa pequeña».
Esta tienda representaría a la Caridad cristiana que cubre los pecados. No obstante, Benedicto XVI relacionaba su significado con el yugo del Señor, un yugo pesado que se aligera conforme nos identificamos y amamos con Él.
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