Buen Pastor
La alegoría del «Buen Pastor» fue utilizada por el propio Jesucristo, en uno de los más bellos pasajes del Nuevo Testamento, para referirse a sí mismo. «Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da su vida por las ovejas». «Yo soy el Buen Pastor y conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco al Padre» puede leerse en el evangelio de San Juan (Jn, 10:1-21).
La imagen del pastor se aplica también, al propio Dios Padre, en el Antiguo Testamento. «Yahvé es mi pastor» se canta en el salmo 34 y «Pastor de Israel» es la denominación que se le aplica en el salmo 80.
Pero son frecuentes las referencias a Israel como «ovejas sin pastor» que son retomadas por el propio Cristo, en quien se cumple la profecía de Isaías (40,11): «Él apacentará su rebaño como pastor».
No es de extrañar, por lo tanto, que el tema del Buen Pastor fuera uno de los favoritos en la iconografía cristiana de los primeros siglos. Son numerosas las representaciones de Jesucristo como un joven que lleva sobre sus hombros una oveja. No era una imagen nueva en la historia del Arte, ya que procede de modelos de la antigüedad clásica como el crióforo, Hermes llevando la oveja al sacrificio, o el moscóforo, joven barbado que porta un ternero.
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