Bartolomitas
Cuando, en 1296, las tropas del Sultán de Egipto invadieron Armenia, un grupo de monjes huyó a Italia donde llevaron a cabo varias fundaciones en las que, con dispensa de la Santa Sede, continuaron usando la liturgia armenia. La primera casa italiana se estableció en la iglesia de San Bartolomé de Génova, de donde tomaron el nombre de «bartolomitas».
Durante el pontificado de Inocencio VI, en 1356, adoptaron el rito latino y la regla de San Agustín, en lugar de la de San Basilio por la que, hasta entonces, se habían regido. Utilizaron un hábito muy similar al de los dominicos. A mediados del siglo XVII fueron decayendo hasta su extinción durante el pontificado de Inocencio X.
Casi coincidiendo con su desaparición, en 1640 el canónigo de Salzburgo, Bartolomé Hoshauster, fundó una congregación de sacerdotes seculares que tenía como misión la formación de jóvenes que sentían la llamada al sacerdocio, y a la que se conoció con el nombre de su fundador. Aprobada por Inocencio XI en 1680, su vida fue efímera, ya que, a finales del siglo XVIII, había desaparecido.
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