Bandera de los Estados Pontificios
Los Estados Pontificios dispusieron de enseña propia con los colores tradicionales de la Santa Sede, el rojo y el amarillo, que habían sido los utilizados, históricamente, por el Senado y el Pueblo Romano.
Cuando los Ejércitos napoleónicos invadieron los Estados Pontificios, algunas unidades militares pasaron a integrarse en ellos, mientras que otras permanecieron junto al Papa.
Comoquiera que los franceses habían autorizado el uso de la bandera roja y amarilla a las fuerzas bajo su control, el Papa Pío VII decidió dotar de nueva bandera a las que le eran fieles, para distinguirlas de las otras. La nueva enseña incorporó los colores blanco y amarillo de los que, posteriormente, surgió la actual bandera del Estado de la Ciudad del Vaticano.
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