Avemaría
Es, sin duda, una de las oraciones más entrañables y difundidas entre los fieles. Expresión perfecta de la invocación de la Iglesia a la Madre de Dios, el Catecismo de la Iglesia Católica la define como expresión privilegiada de esas dos facetas que se integran en ella. Por una parte, engrandeciendo al Señor por las maravillas que ha hecho en su humilde esclava. Por otra, confiando a la Madre de Jesús las súplicas y alabanzas de los hijos de Dios.
Su nombre procede de las dos primeras palabras de su texto en latín: Ave Maria, gratia plena,
Dios te salve María, llena eres de gracia. Dominus tecum.
El Señor está contigo. Benedicta tu in mulieribus,
Bendita tu eres, entre todas las mujeres, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús Sancta Maria, mater Dei,
Santa María, madre de Dios, ora pro nobis peccatoribus,
ruega por nosotros pecadores, nunc, et in hora mortis nostrae.
ahora, y en la hora de nuestra muerte. Amen.
Amén.
Consta de dos partes bien diferenciadas. La primera de honda tradición bíblica, y la segunda compuesta por la Iglesia.
El «Ave, gratia plena, Dominus tecum» corresponde a la salutación angélica que el arcángel San Gabriel le dirigió a la joven María en el momento de la Anunciación.
Le sigue la frase «Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui» que fue pronunciada por Santa Isabel, prima de la Virgen, en el momento en que llegó a visitarla a su lugar de residencia en Ain Karin.
En opinión de algunos autores, fue Severo de Antioquía quien, a comienzos del siglo VI, comenzó a utilizar la unión de ambas frases, como antífona, en determinadas fiestas. El papa Urbano IV añadió, en el siglo XIII, los nombres de María y Jesús.
La segunda parte, «Sancta María, mater Dei, ora pro nobis peccatoribus» fue introducida por los dominicos que contribuyeron, de manera especial, a su difusión. Finalmente, el «nunc, et in hora mortis nostrae» aparece, por vez primera, en un breviario utilizado por los cartujos, en 1350.
Corresponde al papa San Pío V, un Papa dominico, el establecimiento de su forma definitiva y la difusión del rezo del Santo Rosario, en agradecimiento por la gran victoria naval de la Cristiandad, contra el Islam, en el golfo de Lepanto.
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