Avaricia
Es el segundo de los pecados capitales, consistente en el deseo desordenado de acaparar riquezas, convirtiéndolas en el objetivo fundamental de nuestra existencia. No es necesario que se trate de ganancias ilícitas, sino de convertir al dinero en una forma de idolatría que, además, suele ir unida a un desprecio hacia el prójimo y sus necesidades, llegando al extremo de codiciar los bienes ajenos, expresamente condenado por el décimo mandamiento de Dios. De ahí, que la virtud que se le opone es la generosidad, íntimamente vinculada a la Caridad.
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