Archivo Secreto Vaticano
Es una institución que tiene como misión conservar los documentos relativos al gobierno de la Iglesia, al servicio de la Santa Sede y de la Curia Romana, aunque, por su interés, se ha convertido en centro de investigación de historiadores procedentes de todo el mundo.
El término «secreto» responde al uso histórico de esta palabra relacionada con el entorno próximo a las autoridades y tiene el mismo origen que la palabra «secretario».
En el siglo XV se depositaron muchos documentos en el castillo de Sant’Angelo, pero corresponde al Papa Paulo V el mérito de haber creado un archivo central de la Iglesia en unas dependencias próximas a la Biblioteca Secreta, las llamadas Salas Paulinas.
Poco a poco, fueron creciendo sus fondos de forma espectacular y, a partir del siglo XVIII, comenzaron a ser elaborados detallados índices de sus contenidos. Lamentablemente, algunos de sus documentos se perdieron durante el traslado a París por orden de Napoleón, en 1810.
León XIII fue el primer Papa en abrirlo a los investigadores y, poco a poco, se fueron reduciendo los límites temporales establecidos para su consulta.
En la actualidad el Archivo, de acuerdo con su reglamentación, es el órgano de conservación permanente de los archivos históricos de la Santa Sede y constituye su Archivo Central.
Entre sus importantes fondos destacan todos los relativos a los diferentes dicasterios de la Curia, los archivos pertenecientes a las representaciones diplomáticas de la Santa Sede en todo el mundo, fondos de familias y personajes vinculados históricamente al Papado, los relativos a Concilios, órdenes religiosas, monasterios, abadías y archicofradías.
Su importancia radica en el hecho de que, en sus 85 kilómetros de estanterías, están depositados un impresionante conjunto documental correspondiente a los últimos 800 años de la historia de la Iglesia.
En 2019, el Papa Francisco cambió su denominación por la de Archivo Apostólico Vaticano, para hacer frente a las connotaciones negativas de la palabra «Secreto» que, sin embargo, nada tenía que ver con el uso habitual de ese término, como se ha señalado anteriormente.
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