Arca de la Alianza
En el libro del Éxodo se relata cómo Dios ordenó a Moisés la construcción de un arca para conservar en ella las tablas de la Ley. Era un cofre de madera de acacia, recubierto de oro. Se cubría con una tapa o propiciatorio, elaborada en oro fino, con dos querubines, también de oro, sobre ella. Estas figuras estaban arrodilladas, con la cabeza baja y sus alas extendidas hasta tocarse las de un querubín con las del otro. El arca llevaba a sus lados argollas de oro para facilitar el transporte que fue encomendado a los levitas.
El Arca, instrumento de la manifestación del poder de Dios en medio del pueblo elegido, estaba depositado en el Sancta Santorum, el espacio más sagrado del templo que Moisés construyó cumpliendo las instrucciones divinas. Separada del resto del tabernáculo por una cortina a su presencia accedía, únicamente, el Sumo Sacerdote, una vez al año.
Durante el tiempo que el pueblo de Israel permaneció en el desierto, el Arca encabezaba la marcha, a hombros de los levitas y siempre cubierta. En la Sagrada Escritura se describen diversos episodios sobre las terribles consecuencias que su visión provocaba, así como su utilización como eficaz ayuda en los enfrentamientos que tuvieron al llegar a la Tierra Prometida.
Estuvo en Silo y allí fue capturada por los filisteos que, finalmente, la devolvieron tras los males padecidos durante el tiempo que permaneció en su poder. Llevada a Gabaá, el rey David la condujo a Sión y allí fue colocada en el templo que mandó edificar su hijo Salomón.
Además de las tablas de la Ley, se sabe que, en su interior, se conservaron otros objetos como el cayado de Aarón y un recipiente con el maná que había servido de alimento al pueblo en el desierto.
En un momento determinado, el Arca desapareció. Existen numerosas teorías acerca de su posible destino. Para algunos fue ocultada por el profeta Jeremías en una cueva del monte Nebó, para evitar su captura. No faltan quienes opinan que está enterrada bajo el solar del templo, algo imposible de corroborar pues las excavaciones arqueológicas en esa zona chocan con la oposición de los musulmanes por ser el lugar donde se asientan dos importantes mezquitas. Finalmente, existe otra hipótesis que fija su emplazamiento actual en la iglesia de Nuestra Señora de Sión, en la localidad etíope de Axum. De acuerdo con esta teoría, el Arca fue robada por el rey Menelik I, el hijo que Salomón tuvo con la reina de Saba, el cual se apoderó de ella, sustituyéndola fraudulentamente por una copia.
La búsqueda del Arca se ha convertido un tema recurrente en la historia reciente, debido a los poderes extraordinarios que se le atribuyen.
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