Aparición
Es la manifestación sensible de una persona o de un ser sobrenatural que no puede ser explicada desde el punto de vista natural.
El Antiguo Testamento relata numerosas manifestaciones de Dios a los patriarcas, así como de ángeles que se hacen presentes en cumplimiento de un mandato divino. Las hay también en el Nuevo Testamento, de ángeles y del propio Jesucristo que, tras la Resurrección se aparece a sus discípulos en varias ocasiones.
Pero cuando se habla de apariciones, normalmente solemos referirnos a las experiencias de determinados santos y personas sencillas en las que han visto a Cristo o, con más frecuencia, a la Virgen María.
La Iglesia nunca ha rechazado la posibilidad de que existan apariciones, aunque ha sido muy prudente en esta materia. Entre otras razones, porque ha considerado siempre que la Revelación terminó con los Apóstoles. Por eso, ha señalado que, en el caso de producirse tendrían únicamente la condición de revelaciones privadas, que no vienen a añadir nada nuevo a la verdad revelada, pero pueden contribuir a reforzar la fe de los creyentes.
Para ello se requiere, no obstante, la autenticidad de dichas apariciones. Por este motivo, debe analizarse cuidadosamente desde la propia personalidad del vidente a las circunstancias que rodean los hechos y, de manera especial, que en el contenido de las manifestaciones supuestamente recibidas no haya nada que se oponga al dogma.
Únicamente, tras un largo proceso, pueden ser aprobadas con un carácter permisivo. Ello significa que la Iglesia no se pronuncia sobre la verdad de lo ocurrido, sino que se limita a no prohibir que se crea. En otras ocasiones, ni tan siquiera se llega a ello, limitándose a permitirlas como una manifestación piadosa que puede ser creída con fe exclusivamente humana.
No obstante, en la historia reciente existen ejemplos muy conocidos de apariciones marianas que han dado lugar a la erección de lugares de culto en los que se congregan numerosos fieles que, por intercesión de María, obtienen gracias espirituales y favores materiales. Es bien conocida la devoción que el Papa San Juan Pablo II tuvo a la Virgen de Fátima, cuyo santuario visitó en dos ocasiones, y a la que atribuía su salvación en el terrible atentado que sufrió en la plaza de San Pedro.
Por otra parte, son frecuentes los casos de fundaciones de órdenes religiosas que tienen su origen en una aparición y lo mismo ocurre con algunas devociones como la del Sagrado Corazón de Jesús.
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