Antipapa
Se da este nombre a aquellos Papas que no fueron elegidos de forma legitimamente canónica y, popularmente, se atribuye también a una serie de personajes que, en los últimos tiempos se han autoproclamado papas aunque estos casos sean meras anécdotas sin ninguna trascendencia real que afecte al ámbito de la Iglesia universal.
La Iglesia reconoce la existencia de 36 antipapas, a los que habría que añadir otros 3 no oficiales: Clemente VIII y Benedicto XIV, proclamados sucesores de Benedicto XIII cuando el Cisma de Occidente ya se había resuelto; y Félix V, nombrado por el concilio de Basilea en 1439.
El primero de los reconocidos llegó a ser santo con posterioridad. Fue San Hipólito, autoproclamado Papa, en 217, por discrepancias con el legítimo. Fue el más importante teólogo del siglo III y renunció voluntariamente.
Entre los restantes, los hay desde los nombrados por la autoridad civil en épocas de turbulencia, hasta algunos de los elegidos mientras duró el citado Cisma de Occidente.
Un caso muy curioso fue el del Papa Formoso que gobernó la Iglesia entre 891 y 896, en momentos de enfrentamiento entre Roma y los emperadores carolingios. Su sucesor, Esteban VI, tomó la insólita decisión de exhumar su cadáver y, revestido con los ornamentos pontificios, lo sometió a juicio, en lo que se llamó el «sínodo cadavérico». Declarado antipapa, le arrancaron las vestiduras, le cortaron los tres dedos de la mano derecha con la que había impartido la bendición papal, y sus restos fueron arrojados al Tíber. Rehabilitado, posteriormente, fue sepultado finalmente en la basílica de San Pedro.
Después del Concilio Vaticano II han surgido un cierto número de «antipapas», el más conocido de los cuales es el español Clemente Domínguez que, en su iglesia del Palmar de Troya, se autoproclamó papa, con el nombre de Gregorio XVII, siendo sucedido a su muerte por uno de sus seguidores que tomó el nombre de Pedro II y, posteriormente, por Gregorio XVIII y el actual Pedro III. Pero el caso del Palmar no es el único, pues hay otros 9, cuatro de ellos con el mismo nombre de Pedro II a los que hay que sumar los de Pedro Atanasio II, Clemente XV, Valeriano I, León XIV y Enmmanuel I.
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