Angelus
Devoción mariana de hondo arraigo en la Iglesia que fue introducida por los franciscanos en el siglo XIII.
Fue el Papa Calixto III quien, en 1456, ordenó que se rezara en toda la Cristiandad, al mediodía, para pedir la ayuda de la Providencia en unos momentos en los que Belgrado estaba siendo sitiado por los turcos. Benedicto XVI ha recordado, recientemente, esta intervención del primer papa Borja en la difusión del Angelus, aunque fueron muchos los pontífices que aconsejaron esta práctica. Luis XI de Francia puso en práctica la costumbre de rezarlo tres veces al día. En muchos lugares, se efectuaba al toque de campana y, todavía, muchas emisoras lo emiten a las doce de la mañana.
El angelus contempla el misterio de la Encarnación y se compone de tres frases recitadas alternativamente con una Avemaría intercalada entre cada una de ellas, y una oración final. La primera relata con concisión el momento de la Anunciación y la Concepción de María. La segunda es la respuesta de la Virgen a la salutación angélica, tal como la reseña el evangelio de San Lucas. La tercera está tomada del evangelio de San Juan.
El nombre de Angelus hace referencia a la primera palabra correspondiente a su texto latino, aunque, en la actualidad, se utiliza la traducción castellana:
El Ángel del Señor anunció a María.
Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
(Avemaría)
He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí, según tu palabra.
(Avemaría)
Y el Verbo de hizo carne.
Y habitó entre nosotros.
(Avemaría)
Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.
Oremos. Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
En tiempo pascual, se sustituye por el Regina coeli.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.