Anabaptistas
Palabra que procede del griego y que, en sentido estricto, significa «bautizar de nuevo». Originalmente, denominó a quienes, a partir del siglo IV, consideraban ineficaz el bautismo de los niños y defendían la necesidad de volver a bautizar con pleno conocimiento del creyente.
Sin embargo, se utiliza, con mucha mayor frecuencia para definir a una serie de confesiones surgidas en el centro de Europa, a partir del siglo XVI, coincidiendo con la Reforma protestante.
En realidad, estas corrientes son anteriores pero se identificaron con la nueva doctrina, compartiendo con ella algunos aspectos esenciales como el rechazo a las estructuras eclesiales. La Biblia es para ellos la única fuente de la revelación, al que todo creyente puede acceder con la ayuda del Espíritu Santo que, al mismo tiempo, confiere carácter sacerdotal a cada miembro de la comunidad. Jesucristo se constituye en único mediador, aunque no se hace presente en la Eucarístia, convertida en un mero signo de confraternidad. Rechazan los sacramentos y, por supuesto, el bautismo que tan sólo es signo de conversión previa.
Hubo distintas corrientes entre ellas la llamada unitaria de la que formó parte Miguel Servet que terminó siendo ejecutado por los calvinistas, debido a sus discrepancias por la interpretación del misterio de la Santísima Trinidad. Fueron muchos los anabaptistas víctimas de la persecución que se desencadenó contra ellos, tanto por parte de los católicos como de los protestantes.
No obstante, dentro de ellos, hubo algunos grupos especialmente violentos, como el encabezado por Juan de Leiden que se hizo con el control de la ciudad de Múnich, cometiendo todo tipo de excesos. Juan de Leiden de quien se dice era de belleza física excepcional y estaba dotado de una extraordinaria elocuencia, llegó a disponer de quince mujeres, a una de las cuales decapitó por haberle censurado su conducta.
A las persecuciones sobrevivieron grupos moderados que han llegado hasta nuestros días. Entre ellos se encuentran algunos que han gozado del favor de los medios de comunicación por su peculiar forma de vida. Entre ellos se encuentran los menonitas, los amish y los cuáqueros. Todos ellos comparten su rechazo a cualquier tipo de violencia y la necesidad de que la comunidad se mantenga separada del mundo, manteniendo su pureza y sus rasgos característicos, mediante una rígida disciplina interna.
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