Amito
Vestidura litúrgica en forma de paño blanco cuadrado o rectangular, con una cruz bordada en el centro, de cuyos ángulos inferiores penden dos largas cintas blancas.
Se coloca sobre la sotana, en torno al cuello y la espalda, cruzando las cintas al pecho, para anudarlas después alrededor de la cintura.
Tradicionalmente se establecía un paralelismo con el velo con el que los soldados taparon el rostro de Jesús, antes de abofetearle.
Guarda relación con el efod de los sacerdotes judíos e, inicialmente, cubría la cabeza, aunque ya el concilio celebrado en Roma, en 774, ordenó descubrirla durante las celebraciones.
Benedicto XVI ha recordado este antiguo modo de vestirlo, como si fuera un símbolo de la disciplina de los sentidos y del pensamiento que se requieren para la celebración de la Santa Misa.
Este significado estaba relacionado con la oración que el sacerdote recitaba en el momento de vestirlo: «Impón en mi cabeza, Señor, el casco de salvación, para rechazar los asaltos del diablo» y, por este motivo, el simbolismo que solía aceptarse era, precisamente, el de su condición de valladar o defensa frente a la tentación y el uso indebido de las palabras.
Pero el amito tenía, también una función higiénica, para proteger el alba e, incluso, estética. Hoy en día, su uso no es obligatorio si el cuello del alba cubre la sotana o el traje del celebrante.
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