Agnosticismo
Es un término acuñado por el biólogo Thomas Henry Huxley, en 1871, para definir una postura filosófica que, en relación con la Teología, niega la posibilidad de que el hombre pueda llegar al conocimiento de Dios.
En teoría, el agnóstico no niega la existencia de Dios, sino que por carecer de evidencias a favor y en contra de la misma, prescinden de ella.
Surgido del positivismo, admite diversas variantes, algunas de las cuales aceptan la fe como una opción personal de cada individuo que, lógicamente, no comparten.
El Catecismo de la Iglesia Católica al abordar este tema señala que, en algunos casos, el agnóstico se resiste a negar a Dios; al contrario, postula la existencia de un ser trascendente que no podría revelarse y del que nadie podría decir nada. En otros, simplemente no se pronuncia sobre su existencia por entender que ni es posible probarla ni negarla.
En este sentido, el agnosticismo se diferencia del ateísmo, que adopta una postura mucho más radical, aunque a veces se les confunde. En una conocida conversación mantenida entre Charles Darwin, que se manifestaba agnóstico, y el ateo Edward Aveling, este último afirmaba que «un agnóstico no era sino un ateo elástico, y un ateo no era sino un agnóstico agresivo».
En realidad no es así y, como indica el Catecismo, el agnosticismo puede contener a veces una cierta búsqueda de Dios, aunque la idea de un Ser superior se acepta como un mero ideal atractivo que tiene valor religioso o moral, pero nunca objetivo ni científico. No obstante, alguna de sus corrientes niegan la influencia que las realidades superiores, en el caso de existir, tienen en la condición humana, por lo que considera completamente irrelevantes a todas las religiones.
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