Adviento
Como preparación a la fiesta de la Navidad, se establecieron, desde antiguo, cuatro semanas de penitencia que constituyen el Adviento que, etimológicamente, significa «venida».
En la actualidad es uno de los tiempos fuertes del año litúrgico en el que la liturgia hace referencia al próximo Nacimiento del Salvador pero, también, a su segunda venida que ha de llegar al final de los tiempos, a esa Parusía de Cristo triunfante como juez de vivos y muertos. Pero, además, evoca la presencia de Cristo operando su salvación en su Iglesia y en el mundo. Porque, como resalta el Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia, el Señor viene constantemente a su Iglesia como presencia perpetua, en cada hombre y en cada acontecimiento para que lo recibamos con fe y, por el amor, demos testimonio de la espera dichosa de su reino.
Las lecturas de estos días se centran en el profeta Isaías y sus anuncios mesiánicos y en los relatos evangélicos de la predicación de Juan el Bautista, el precursor.
Como expresión de esa actitud, se recomienda que los altares se adornen con moderación y se utilice el órgano, exclusivamente, para sostener el canto. Los ornamentos litúrgicos adoptan el color morado.
El tercer domingo de Adviento, la Iglesia introduce una pausa, porque ya se acerca la llegada del Señor, es el llamado domingo de Gaudete, en el que pueden utilizarse ornamentos de un color rosado.
En torno al Adviento han ido introduciéndose una serie de costumbres, de reciente implantación en España como son la corona del Adviento, el calendario de Adviento o las posadas.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.