Actas de los mártires
Los primeros mártires cristianos, antes de ser condenados, debían comparecer ante un tribunal, de acuerdo con los procedimientos habituales en el sistema judicial romano.
Allí, unos notarii reseñaban en las correspondientes tablillas el desarrollo del proceso, haciendo constar la fecha de inicio del mismo, el lugar, el magistrado ante el que comparecían, la transcripción del interrogatorio al que eran sometidos, y la condena impuesta.
Estos preciados documentos eran objeto de especial atención por parte de la comunidad cristiana que, en ocasiones, disponía también del testimonio escrito de otras personas presentes en el tribunal. Desde época muy temprana se ordenó reunir las llamadas Actas de los Mártires para que sirvieran de ejemplo entre los fieles. De este cometido se encargaron unos notarios eclesiásticos bajo la supervisión de diáconos.
Las autoridades romanas al tomar conciencia del efecto ejemplificador que estos documentos producían llegaron a ordenar la destrucción de las mismas y, en ocasiones, se prohibió dejar constancia escrita del procedimiento judicial como ocurrió durante el proceso del diácono San Vicente.
Por este motivo, no son muy numerosas las actas conservadas. Otros documentos relacionados con ellas son las Passio que, a los fríos testimonios judiciales, añadían otros detalles hagiográficos para engrandecer la figura del mártir.
El estudio y la depuración de las Actas de los Mártires fue impulsado, en el siglo XVII, por el jesuita holandés Juan de Bolland y sus seguidores, los llamados bolandistas, que realizaron un trabajo ingente, continuado en nuestros días. Fruto de este esfuerzo, las Acta Sanctorum de los bolandistas son la obra de referencia para el estudio de la vida de mártires y santos.
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