Acólito
Hasta el Concilio Vaticano II se conocía con este nombre a quien había recibido la cuarta de las llamadas órdenes menores.
Tras la Motu Proprio Ministeria quaedam, por la que el Papa San Pablo VI, a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, reformó la disciplina relativa a las órdenes menores y al subdiácono. Este último, que se incluía entre las órdenes mayores, fue suprimido, mientras que las otras recibieron el nombre de ministerios laicales, aunque reducidas al acolitado y al lectorado.
El acólito es un ministro «instituido para ayudar el diácono y prestar su servicio al sacerdote. Es propio de él cuidar el servicio del altar, asistir al diácono y al sacerdote en las funciones litúrgicas, principalmente en la celebración de la Misa; además, distribuir, como ministro extraordinario, la Sagrada Comunión cuando faltan los ministros ordinarios, o también cuando el número de fieles que se acerca a la Sagrada Mesa es tan elevado que se alargaría demasiado la Misa. En las mismas circunstancias especiales se le podrá encargar que exponga públicamente a la adoración de los fieles el Sacramento de la Sagrada Eucaristía y hacer después la reserva; pero no que bendiga al pueblo. Podrá también, cuando sea necesario, cuidar de la instrucción de los demás fieles que ayudan al sacerdote o al diácono en los actos litúrgicos llevando el misal, la cruz, las velas, etc., o realizando otras funciones semejantes.
Los candidatos al diaconado y al sacerdocio deben ejercer este ministerio, por un tiempo conveniente, para prepararse mejor a los futuros servicios de la Palabra y del Altar.
Además, pueden ser instituidos como acólitos permanentes otros varones que lo soliciten libremente y reúnan las condiciones exigidas, pero siempre sin derecho a sustentación o remuneración por parte de la Iglesia.
Este ministerio es conferido por el obispo y, en los institutos clericales, por el Superior mayor, mediante el rito litúrgico «De Institutione Acolythi».
El Papa facultó para que, a juicio de las Conferencias Episcopales, los acólitos pudieran ser llamados subdiáconos, pero no se suele hacer uso de esta palabra.
Por otra parte, suele darse, también, el nombre de acólito al monaguillo que sirve al altar en la iglesia aunque no haya recibido este ministerio.
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