Abrazo
Dentro de la liturgia que, en sí misma, puede ser considerada un abrazo de salvación entre Dios y el ser humano, como señaló el Papa Benedicto XVI, es uno de los gestos que se realizan en determinadas celebraciones.
El más frecuente es el abrazo de paz entre quien preside la Eucaristía y los concelebrantes, el cual equivale al saludo con la mano (u otra forma de saludo) que intercambian los fieles, antes de la Comunión o después de la Liturgia de la Palabra.
En toda ordenación hay un abrazo de acogida que da el obispo al nuevo diácono o presbítero, el cual lo recibe también de los presbíteros que participan en la ceremonia y, en el caso de los diáconos, de los otros diáconos presentes. Los obispos al ser consagrados reciben, a su vez, el abrazo de quien los ordena y de todos los obispos presentes.
De igual forma el Santo Padre abraza a los cardenales creados en un consistorio, recitando la fórmula «Pax Domini sit semper tecum» (La Paz del Señor esté siempre contigo).
En las comunidades religiosas, es costumbre que en la toma de hábito, el superior y todos los miembros de las mismas abracen a quienes se incorporan a ellas.
El abrazo es símbolo de fraternidad y caridad. Por este motivo, algunos fundadores como San Ignacio de Loyola, ordenaron expresamente que abrazasen «a quienes van o vuelven de camino».
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