Ablución
La ablución es una ceremonia de gran tradición en muchas religiones que no siempre se realiza con agua.
En el Cristianismo, la ablución de los pies con agua a los peregrinos era una práctica recomendada, desde los primeros tiempos, en recuerdo de la que realizó Abraham con los tres ángeles que se acercaron a su tienda.
Una ceremonia de este tipo, a la que se da el nombre de mandato o lavatorio, se ha mantenido en los oficios del Jueves Santo, en los que se procede a lavar los pies a doce personas, en recuerdo de lo que el propio Jesucristo realizó en la Última Cena.
Ha desaparecido por completo la costumbre de lavarse los pies, dentro del rito del Bautismo o la práctica de la ablución de la cabeza por parte de los fieles el día del Jueves Santo.
Hubo una época en la que era habitual que quienes recibían la Comunión en las manos, se las lavaran previamente.
Se ha mantenido, por el contrario, hasta fechas muy recientes la ablución de las manos, por parte del sacerdote, antes de revestirse para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. En todas las sacristías existía, para este fin, una fuente con su pila en la que, mientras se lavaba, recitaba la oración prescrita para esta ceremonia.
En la celebración eucarística el oficiante efectúa el lavatorio de las manos, al finalizar el ofertorio. También tenía el carácter de ablución el agua que el acólito derramaba sobre los dedos índice y pulgar del celebrante, al terminar la comunión y antes de limpiar y cubrir el cáliz en el que ha sumido la Sangre de Cristo.
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