«seráfico» y "sutil» en penetrar en el misterio a la luz de la ciencia, de la sabiduría y del amor.
Semejante experiencia embriagadora de Dios en el alma, descrita en términos frecuentemente difíciles y oscuros, y criticada a menudo por ello, penetra en el siglo XVI en toda Europa, sobre todo a través de las publicaciones místicas de los cartujos de Colonia. En España alcanza su cima en la mística de Teresa de Ávila y de Juan de la Cruz.
Tras el sublime florecimiento de la mística trinitaria «europea», vino, en los siglos XVl y XVll, una reacción brusca y fanática, motivada entre otras cosas por los abusos inherentes al atrevido misticismo trinitario. La consecuencia fue una fuerte reserva sobre la experiencia mística de Dios. Pero desde hace varios decenios se ha vuelto a discutir sobre el papel de cada una de las personas de la Trinidad en la inhabitación trinitaria. La misma experiencia de la Iglesia ha hecho que se recupere y se renueve tanto la doctrina como la práctica de la vida íntima trinitaria en los corazones de los hombres. En efecto, la vida trinitaria vuelve ahora a proponerse como el alma la substancia misma de la vida eclesial partiendo del concilio Vaticano II y del magisterio de Juan Pablo 11 en sus tres Encíclicas: Dives in misericordia, Redemptor hominis, Dominum et vivificantem.
O. van Asseldolzk
Bibl.: E. Llamas, Inhabitación trinitaria, en DTDC, 691-710; G. Philips, Inhabitación trinitaria y gracia, La unión personal con el Dios vivo, Secretariado Trinitario, Salamanca 1974; B, Forte, Trinidad como história, Sígueme, Salamanca 1988; A, Turrado, Dios en el hombre. Plenitud o tragedia, BAC Madrid 1971,
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