Sexualidad
El matrimonio es una institución divina en orden a la procreación (Gén 1,27-28). En este marco las relaciones sexuales, con el placer concomitante, no sólo son legítimas, sino obligadas y santas. El A. T. habla con absoluta claridad y libertad de cuánto importa la vida sexual, como la cosa más natural, ordenada por Dios. Eso sí: las aberraciones sexuales son tratadas con la mayor severidad. Jesús afirma la superioridad de la virginidad sobre la legítima vida sexual en el matrimonio (Mt 19,10-12; 1 Cor 7,1526; 11,28) y declara pecado la concupiscencia (Mt 5,28).
E.M.N.
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