Prostitución
El A. T. prohibe la prostitución (Lev 19, 29), el adulterio (Lev 20, 10-12; Dt 22, 22), la violación (Dt 22, 23-24), la seducción (Ex 22, 15-16; Dt 22, 28-29), el incesto (Lev 20, 11-12. 14. 17-20), las sexualidades pervertidas (Gén 38, 9-10; Lev 18, 23; 20, 13). Las relaciones sexuales con una mujer soltera no eran nunca consideradas como adulterio, aunque el hombre estuviera casado.
El N. T. prohibe igualmente toda fornicación física (Mt 5, 32; 15, 19; 19, 9; 21, 31-32; Mc 7, 21; Lc 15, 30; 1 Cor 5, 1. 9-11; 6, 9-18; 10, 8; Ef 5, 3.5; Col 3, 5; 1 Tes 4, 3). Hay famosas prostitutas que, por su fe y su caridad, son alabadas en la Biblia y han pasado a ser mujeres prototipos de religiosidad verdadera (v. gr., Rajab:. Heb 11, 31; la Magdalena: Lc 8, 2). Jesucristo llega a decir a los fariseos que las prostitutas entrarán antes que ellos en el Reino de los cielos porque tuvieron fe y caridad, cosa esta última que ellos no tienen (Mt 21, 31-32). Oseas (cap. 1-3), describen la Alianza como un matrimonio entre Israel y Yahvé; pintan como un adulterio las infidelidades de Israel al amor inmenso de Dios, en especial la idolatría, cultivada con preferencia en los montes (lugares altos), y la confianza puesta en alianzas con monarcas poderosos. El N. T. fustiga igualmente la prostitución sagrada (Jn 8, 41); sobre todo el Apocalipsis (Ap 14, 4), que llama "vírgenes" en sentido religioso a cuantos no se han prostituido al culto idolátrico. Habla también de la Gran Prostituta (Ap 17, 1-16; 19, 2), como ciudad llena de iniquidades y contrapuesta a la ciudad santa de Jerusalén.
E. M. N.
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