Poder
Dios es omnipotente, creador del mundo y señor de la historia. A El pertenece el poder y la gloria (Mt 16, 13). Para El todo es posible (Mt 19, 26; Mc 14, 36) y nada imposible (Lc 1, 37). Jesucristo es también todopoderoso. El Padre le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 18, 18); tiene poder para perdonar los pecados (Mt 9, 6; Mc 2, 10); tiene poder sobre los espíritus inmundos (Mt 10, 1; Lc 4, 36) y sobre toda carne (Jn 17, 2); poderoso en obras y palabras (Lc 24, 19); en la parusía vendrá revestido de gran poder y gloria (Mt 24, 30; Mc 13, 26; Lc 21, 27). El origen y el ejercicio de este poder de Dios y de Jesucristo es el amor. Los apóstoles recibieron de Jesús poder sobre los espíritus inmundos (Mt 10, 1), poder de hacer milagros (Lc 9, 1; 10, 19), de perdonar los pecados (Jn 20, 23). Pero todo este poder se ejerce desde la fe. Todo el que tiene fe es también poderoso y para él todo es posible (Mt 17, 20; Mc 9, 23). El poder que Jesucristo confiere ha de ejercerse como un servicio; así debería ejercerse todo poder y toda autoridad humana; Jesús denuncia a los poderosos y grandes de la tierra que, lejos de servir a los gobernados, ejercen un poder opresor sobre los pueblos; entre los cristianos debe ser todo lo contrario: el que quiera llegar al poder debe ser el servidor de todos (Mt 20, 2526; Mc 10, 42-43). — política.
E. M. N.
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