Paloma
En los tiempos bíblicos abundaban en Palestina las palomas salvajes (Cant 2, 14; Jer 48, 28). Era la única ave que podía ofrecerse en sacrificio, en el de la purificación de la mujer (Lev 12, 6. 8; Lc 2, 24). Esto explica que se vendiera en el templo (Mt 21, 12; Mc 11, 15; Jn 2, 14. 16). Es proverbial la sencillez y la mansedumbre de la paloma (Os 7, 11; Mt 10, 16). El simbolismo de la paloma como figura del Espíritu Santo (Mt 3, 16; Mc 4, 10; Lc 3, 22; Jn 1, 32) es difícil de precisar; tal vez haya que interpretarlo como la nueva creación, de acuerdo con la exégesis rabínica, que se figuraba al Espíritu de Dios sobre las aguas como una paloma (Gén 1, 2).
E. M. N.
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