Paciencia
Paciencia es sinónimo de longanimidad (gr. «makro-zymia»: longanimidad, paciencia). Dios es paciente (Ex 34, 6; Sab 15, 1; Eclo 18, 11; Mt 18, 27; m 9, 22; 1 Tim 1, 16; 1 Pe 3, 20; 2 Pe 3, 9). Y no olvida jamás la paciencia de sus elegidos (Lc 18, 7); el hombre debe ser paciente con sus semejantes (2 Sam 16, 10; Tob 2, 8; Job 1, 20; Prov 15, 29; Mt 18, 26. 29; Ef 4, 2; Col 1, 11; 3, 12; 1 Tes 5, 14; 2 Tim 3, 10; 4, 2). Tener paciencia es también sinónimo de soportar (gr. «anejomai»: levantar, sostener, soportar), referido, más que a la actitud interior, al comportamiento exterior. Así Dios no se deja llevar del arrebato para castigar inmediatamente al pecador, sino que tiene paciencia, le soporta a ver si se convierte, pero esto no le impide aplicar su justicia (Rom 2, 4; 3, 26). Jesucristo soportó pacientemente la actitud adversa hacia El (Mt 17, 17; Mc 9, 19; Lc 9, 11; cf. Heb 12, 1-3; 1 Pe 2, 10). El juez inicuo adopta la actitud contraria (Lc 18, 1-8). La paciencia es una virtud importante en el cristiano (Rom 15, 5; 1 Cor 13, 7; 2 Cor 1, 6; 6, 4; 12, 12; 2 Tes 3, 5; Col 1, 11; 1 Tim 6, 11; 2 Tim 3, 10; Ap 1, 9; 2, 2. 3. 19; 3, 10; 13, 10; 14, 12). Hay que tener paciencia, constancia en el sufrimiento, en las pruebas que precederán a la parusía (Mt 10, 22; 24, 13; Mc 13, 13), pues por la paciencia se conseguirá la salvación (Lc 21, 19).
E. M. N.
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