Ojo
El ojo es un órgano del cuerpo que, junto con el oído, significa la totalidad del ser humano (Mt 3,14; Mc 8,18). La pupila es la niña del ojo, que se guarda como joya preciada (Sal 17,8; Prov 7). Cuando Jesucristo hace que a uno «se le abran los ojos», le hace recobrar la vista (Mt 9,30; Jn 9,10.14); cuando dice a sus discípulos que «abran bien los ojos», quiere que sean precavidos y no se dejen influir por los fariseos (Mt 16,6; Mc 8,15), no se dejen llevar por la codicia (Lc 12,15), y que reconozcan a alguien (Lc 24,31); cuando les dice que «levanten sus ojos», quiere decir que estén bien atentos a las cosas que puedan suceder (Mt 17,8; Lc 16,23; Jn 4,35; 6,5). Los ojos se identifican con el espíritu y la inteligencia capaz de captar y comprender una doctrina (Mc 8,18; Lc 19,42). El ojo es también la lámpara del cuerpo (Mt 6,22; Lc 11,34), que si deja pasar la luz divina, evita la caída (Mt 15,14) y permite admirar las maravillas del Señor (Mt 21,42; Mc 12,11). El ojo, por tanto, adquiere un sentido ético y religioso, y así se habla del ojo bueno (Lc 11,34), del ojo malo (Mt 20,15) y del ojo envidioso (Mc 7,22). Si el ojo es malo y ocasión de pecado, es mejor sacárselo antes que caer en pecado y condenarse (Mt 5,9; 18,9; Mc 9,47). Los milagros evangélicos en que los ciegos ven, aparte de manifestar la compasión y el poder divino de Jesucristo, simbolizan la acogida de la Buena Nueva (Mt 9,29-30; Mc 8,18.23.25; Jn 9). Los ojos y oídos de los que saben ver y oír los hechos y las palabras de Jesucristo son declarados bienaventurados y dichosos (Mt 13,16; Lc 10,23). - palabras escandalosas.
E. M. N.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.